Política
Coqueteo con LLA

Weretilneck, el estratega que negocia poder a costa de la provincia

Alberto Weretilneck eligió a dos figuras de su absoluta confianza para encabezar las boletas a la Cámara del Senado y Diputados.

Alberto Weretilneck, gobernador y cerebro de Juntos Somos Río Negro (JSRN), ha vuelto a demostrar su habilidad en el arte de la política territorial, aunque su reciente jugada electoral y su posible acercamiento al gobierno nacional de Javier Milei despiertan sospechas.

Lejos de ser un líder que apuesta por la coherencia ideológica, Weretilneck parece priorizar el pragmatismo, negociando con los sectores más cuestionables del poder a costa de los intereses provinciales.

El armado de las listas para las elecciones legislativas nacionales fue un ejemplo de su estilo quirúrgico.

Weretilneck eligió a Facundo López y Juan Pablo Muena, dos figuras de su absoluta confianza, para encabezar las boletas al Senado y Diputados, respectivamente.

La exclusión de su vicegobernador, Pedro Pesatti, un peronista crítico del gobierno de Milei, no pasó desapercibida.

¿Fue una maniobra para no incomodar al oficialismo nacional o una señal de tensiones internas en JSRN? La versión oficial habla de “consensos”, pero el movimiento huele a cálculo político.

Al apartar a Pesatti, Weretilneck parece enviar un mensaje: en su tablero, la lealtad y el control priman sobre cualquier disidencia, aunque sea funcional.

Esta ambigüedad se extiende al escenario electoral provincial.

La Justicia Electoral habilitó el partido Primero Río Negro, liderado por Ariel Rivero, un ex intendente alineado con el Mileismo, y reconoció a Creo Río Negro, de Aníbal Tortoriello.

Sin embargo, el sello de La Libertad Avanza, encabezado por Lorena Villaverde, sigue sin estar plenamente formalizado.

Este caos en el espacio libertario local es una oportunidad que Weretilneck no quiere desaprovechar.

La falta de cohesión entre los libertarios le permitiría negociar directamente con el círculo íntimo de Karina Milei, ofreciendo los votos de JSRN en el Congreso para reformas clave como la jubilatoria y la laboral, a cambio de mantener su hegemonía en Río Negro.

Es un trueque cínico: gobernabilidad nacional por autonomía provincial, sin importar el costo social de esas reformas.

El manejo de las concesiones hidroeléctricas del Comahue refuerza esta crítica. La prórroga de las concesiones por parte de Nación abrió una puerta para que Weretilneck negocie con el gobierno central, coordinándose con su par neuquino, Rolando Figueroa.

Su objetivo es claro: evitar que la energía hidroeléctrica caiga nuevamente en manos privadas sin que las provincias tengan injerencia, mientras robustece el entramado del GNL y la exploración petrolera marítima.

Pero esta estrategia, presentada como defensa del federalismo, huele más a un intercambio de favores que a una lucha por los intereses rionegrinos.

Weretilneck se muestra como un defensor de la provincia, pero su disposición a alinearse con un gobierno que recorta derechos esenciales levanta sospechas sobre sus verdaderas prioridades.

La gran pregunta es si este esquema es sostenible. La exclusión de Pesatti podría interpretarse como un movimiento para proyectar a JSRN como una fuerza moderada, pero también podría revelar fisuras en el oficialismo provincial.

Su capacidad para orquestar el poder sin confrontaciones públicas es innegable, pero este juego de ambigüedades y negociaciones genera desconfianza.

En una provincia donde las decisiones se toman en despachos cerrados, el gobernador actúa como un brujo que manipula las percepciones, haciendo creer a todos que tienen el control mientras él mueve los hilos.

Weretilneck no improvisa; orquesta. Pero su pragmatismo, que lo lleva a coquetear con el Mileismo mientras mantiene su dominio territorial, pone en riesgo la identidad de Río Negro.

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