Perfiles Urbanos
Exclusivo de NOVA

Víctor Hugo Davis, el artista que encontró en Viedma su lugar en el mundo

Víctor Hugo Davis, maestro del fileteado porteño, restaurador de muebles antiguos y apasionado por la pintura.
Hincha fanático de Club Atlético Huracán.
Es amante de la madera reciclada y referente del arte popular.
Davis combina oficio, sensibilidad y humildad.
¡Es único!

Maestro del fileteado porteño, restaurador de muebles antiguos y apasionado por la pintura, Víctor Hugo Davis se convirtió en uno de esos personajes entrañables que forman parte de la identidad cultural de Viedma.

Llegó desde Buenos Aires hace casi dos décadas buscando tranquilidad y terminó echando raíces definitivas en la capital rionegrina, ciudad a la que hoy siente completamente propia.

Hincha fanático de Club Atlético Huracán, amante de la madera reciclada y referente del arte popular, Davis combina oficio, sensibilidad y humildad.

Aunque está jubilado de la docencia, continúa enseñando de manera privada y mantiene viva una pasión que lo acompaña desde hace décadas: el fileteado porteño, un arte tradicional que hoy lucha por no desaparecer.

El fileteador que eligió quedarse en la Patagonia

En su taller ubicado sobre calle Zatti, casi esquina Alberdi, Víctor sigue pintando, restaurando muebles y proyectando nuevas ideas. Rodeado de pinceles, maderas y vitrales, asegura sentirse plenamente feliz en Viedma, ciudad donde construyó su vida junto a su familia.

“El fileteador era un laburante que salía todos los días a ganarse el mango”, suele decir cuando habla de este arte nacido a principios del siglo XX en Buenos Aires. Para él, más que una expresión artística refinada, el fileteado siempre fue un oficio popular vinculado al trabajo cotidiano.

Su desembarco en la capital rionegrina se produjo en 2005 y rápidamente encontró un espacio en el ámbito cultural local. Al año siguiente fue convocado por la Secretaría de Cultura municipal para enseñar y difundir el fileteado porteño, tarea que desarrolló durante años hasta su jubilación.

Murales, vitrales y una huella en la ciudad

A lo largo de estos años, Davis dejó varias obras que forman parte del patrimonio cultural y religioso de Viedma. Uno de los trabajos más significativos fue el vitral de Ceferino Namuncurá en la Catedral de Viedma, realizado en 2007 como homenaje a su padre, profundamente devoto del joven mapuche.

También concretó un mural dedicado a Artémides Zatti en la parroquia Don Bosco y participó en la restauración de los vitrales de la Casa de Gobierno provincial tras los daños ocasionados durante una manifestación.

Para Davis, cada una de esas obras tiene una carga emocional especial y representa una forma de devolverle algo a la ciudad que lo recibió.

En los últimos años, además, trabajó junto al municipio aportando color y arte urbano en distintos espacios públicos, entre ellos la semipeatonal de calle Buenos Aires, una intervención impulsada durante la gestión del entonces intendente Pedro Pesatti.

Un viedmense más y un creyente de Huracán

Más allá del arte, Víctor también construyó un fuerte vínculo humano con la ciudad. Durante tres años dio talleres en la Unidad 12 y en el Penal Provincial 1, una experiencia que recuerda con enorme cariño y que jamás imaginó vivir cuando decidió alejarse de la inseguridad de Buenos Aires.

“Soy del lugar donde soy feliz”, resume cuando le preguntan si se considera viedmense. Y no duda en afirmarlo: acá crió a sus hijos, compró su casa y decidió quedarse definitivamente.

Claro que entre tantas pasiones también aparece el fútbol. Como hincha del “Globo”, reconoce entre risas que no siempre es fácil ser simpatizante de Huracán en la Patagonia.

Sin embargo, guarda como una de sus mejores anécdotas aquella improvisada celebración en la fuente Pucará cuando el club logró un ascenso: dos autos, dos banderas y un abrazo con otro hincha desconocido que terminó convirtiéndose en amigo.

Hoy, mientras proyecta abrir un taller autogestivo y continúa trabajando con madera reciclada, Víctor Hugo Davis sigue apostando al arte como forma de vida. Un personaje auténtico de esos que todavía conservan el espíritu del oficio, la gratitud y el amor por la ciudad que eligieron para siempre.

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