El intendente de Viedma, Marcos Castro, atraviesa uno de los momentos políticos más delicados desde que asumió al frente de la capital rionegrina. La caída de su imagen pública, el malestar creciente dentro de Juntos Somos Río Negro y las críticas cada vez más fuertes a su estilo de conducción comenzaron a encender alarmas en el oficialismo provincial.
Los números ya preocupan. Un reciente relevamiento ubicó a Castro entre los intendentes con peor imagen positiva de Río Negro, con apenas un 31,3 por ciento de aprobación, quedando lejos de otros jefes comunales de la provincia y dejando expuesto el desgaste de una gestión que no logra recuperar respaldo social en Viedma.
Sin embargo, el problema ya no sería solamente con los vecinos. Según fuentes políticas consultadas por NOVA, el jefe comunal también comenzó a perder apoyo dentro de su propio espacio político. “Ya no lo bancan ni los propios”, reconocen dirigentes vinculados al oficialismo local, donde crece el malestar por las decisiones del intendente y por el clima interno que se vive dentro del municipio.
En los pasillos políticos de Viedma aseguran que el cambio de perfil de Castro comenzó a notarse con mayor intensidad luego de que Alberto Weretilneck lo promoviera como vicepresidente de Juntos Somos Río Negro, un cargo estratégico dentro de la estructura partidaria provincial.
Desde entonces, distintos sectores del oficialismo empezaron a cuestionar lo que consideran un aumento de la soberbia política del intendente. “Se subió a un pony”, repiten incluso dirigentes cercanos al espacio, molestos por las actitudes del jefe comunal y por una conducción que describen como cada vez más cerrada y distante.
Según las versiones que circulan dentro del oficialismo, Castro comenzó a aislarse políticamente, rodeándose de un grupo reducido de funcionarios y alejándose de sectores territoriales que históricamente acompañaron al armado de JSRN en la capital provincial.
Las críticas también impactan directamente sobre la gestión municipal. Reclamos por el estado de las calles, problemas de mantenimiento urbano, demoras en obras y falta de respuestas rápidas forman parte del malestar que vecinos expresan cada vez con más frecuencia en distintos barrios de Viedma.
En paralelo, la situación económica nacional y el desgaste del oficialismo provincial empiezan a golpear de lleno en la capital rionegrina, donde el humor social se muestra cada vez más tenso.
Dentro de Juntos Somos Río Negro el escenario genera preocupación porque Viedma representa uno de los principales bastiones políticos del oficialismo. La caída de imagen de Castro no solo afecta al municipio, sino también al esquema político que conduce Weretilneck en la provincia.
Y aunque dentro del oficialismo le habían prometido respaldo para ir por la reelección, los malos números empezaron a cambiar el humor interno. Según fuentes partidarias, algunos sectores ya comenzaron a plantear en voz baja que, si la imagen negativa continúa creciendo, no descartan “darle una patada en el traste” y empezar a buscar otro candidato para retener la capital provincial.
Mientras tanto, sectores opositores ya comenzaron a moverse aprovechando el desgaste del intendente y observan una oportunidad política de cara a los próximos años. Incluso, algunos dirigentes oficialistas empiezan a hablar de la necesidad de renovar figuras en Viedma si el deterioro político continúa profundizándose.
Lo que hasta hace poco parecía una figura en crecimiento dentro del oficialismo rionegrino hoy aparece atrapado por el desgaste, las internas y las críticas. Y en Viedma, cada vez son más los que aseguran que Marcos Castro dejó de escuchar tanto a los vecinos como a su propio espacio político.







Seguí todas las noticias de NOVA Río Negro en Google News





