Villaverde resiste: el delicado equilibrio de poder que mantiene a la diputada en el centro de la escena nacional
Por estas horas, Lorena Villaverde se convirtió en el caso político más explosivo y con mayor nivel de tensión interna dentro de La Libertad Avanza (LLA). Y, aunque hoy se mantiene formalmente en pie, su permanencia en la estructura libertaria pende de un equilibrio finísimo entre presiones internas, rechazos crecientes y la protección —cada vez más tenue— del propio presidente Javier Milei.
Villaverde llegó al Congreso por la minoría rionegrina tras una elección extremadamente ajustada, a pocos votos del peronista Martín Soria. Desde ese momento, su ingreso quedó bajo la lupa: los expedientes judiciales en Río Negro, los vínculos que distintas investigaciones le adjudican con Fred Machado —detenido por narcotráfico—, el rol de su primo y presunto testaferro Claudio Cicarelli, y la causa por tenencia de cocaína en Estados Unidos, marcaron un escenario de alta inestabilidad.
Cuando todo esto comenzó a conocerse, dentro de LLA se discutió abiertamente su continuidad como candidata a senadora. El antecedente de José Luis Espert en Buenos Aires instalaba la posibilidad de que ella también fuera desplazada, pero Villaverde no aceptó retirarse.
En ese contexto, trascendieron amenazas contra periodistas que difundieron información sobre sus causas y, según fuentes del propio oficialismo, presiones hacia adentro del espacio libertario: si la bajaban, podía “golpear fuerte” al Gobierno nacional. La advertencia rondaba la sensibilidad de los vínculos de LLA con Fred Machado, empezando por la coincidencia del abogado Francisco Oneto.
A esa defensa férrea se sumaba otro ingrediente: Villaverde es considerada una de las figuras “más puras” del mileísmo en Río Negro, con base territorial construida sobre su cercanía con iglesias evangélicas. Ese capital político la sostuvo durante semanas, incluso frente a un clima interno cada vez más adverso.
Pero del otro lado crecía un rechazo sostenido. Con el avance de escándalos y la multiplicación de denuncias, la presidenta nacional de LLA, Karina Milei, junto a su operador principal, Eduardo “Lule” Menem, resolvió que Villaverde debía dejar de ser la representante del espacio en la provincia.
Para ambos, sostenerla era sumar una mancha más a un partido que necesitaba recuperar orden. Sin embargo, Milei —en un gesto de autoridad personal— continuó respaldándola, generando un cortocircuito interno que llegó hasta el Senado.
En paralelo comenzó a tomar fuerza un nombre alternativo: Enzo Fullone, ex titular de Vialidad Nacional en Río Negro y quien quedaría con la banca si Villaverde no asume. No pertenece al círculo de “puros” del mileísmo por su pasado radical, pero sí consiguió el respaldo pleno de Karina y Lule.
Incluso se lo menciona como posible enlace patagónico del Ministerio del Interior, una región donde el Gobierno carece de estructura política sólida. Fullone, alineado a Aníbal Tortoriello —opositor interno de Villaverde—, también fue blanco de operaciones: desde el entorno de la diputada intentaron instalar que era “hijastro” de Fred Machado, una maniobra destinada a desacreditarlo.
En este contexto de máxima tensión interna, se produjo el episodio que marcó un antes y un después. El jueves a última hora se produjo el golpe más duro para Villaverde. Su pliego, que una semana antes había sido rechazado por la Comisión de Asuntos Constitucionales, fue retirado del orden del día. No juró este viernes, como estaba previsto, y el caso volvió a la misma comisión.
Ese retroceso, inesperado hasta para operadores del Senado, dejó expuesto que el respaldo del Gobierno nacional ya no era total. Y, según fuentes del oficialismo, lo que definió el cambio de rumbo fue que Milei finalmente cedió ante la presión política de su hermana.
La escena del viernes terminó de condensar el clima interno. Mientras juraban los nuevos senadores, Villaverde ingresó al recinto para saludar a algunos legisladores, pero la senadora libertaria de Neuquén, Nadia Márquez, reclamó públicamente que se retirara del salón. La señal, aunque simbólica, reflejó la fractura interna y el aislamiento creciente de la diputada.
Hoy, el futuro de Lorena Villaverde aparece rodeado de incertidumbre. Aunque formalmente sigue siendo la figura electa por la minoría rionegrina, su margen de maniobra se achicó a niveles críticos.
El sostén que alguna vez tuvo en el núcleo libertario se desdibujó, Fullone gana espacio como recambio ordenado y la presión institucional del Senado es cada vez más evidente.
Lo único que todavía la mantiene en pie es su propia resistencia, su estructura religiosa y el temor, dentro de algunos sectores de LLA, de que una ruptura total derive en revelaciones incómodas para el Gobierno.
El caso, lejos de cerrarse, abre un nuevo capítulo donde la discusión ya no es si Villaverde va a ingresar al Senado, sino cuánto tiempo más podrá sostenerse en un espacio que, salvo por un último hilo frágil, ya dejó de defenderla.







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